Nuestro Cuerpo y su Capacidad de Sanarse a sí Mismo.

Nuestro Cuerpo y su Capacidad de Sanarse a sí Mismo.

Un tema que siempre me ha fascinado – y que es en gran parte la razón por la que decidí hacerme Health Coach y por la que disfruto tanto de esta profesión – es la increíble capacidad que tiene nuestro cuerpo para sanarse así mismo dadas las condiciones óptimas.

¿Cómo así? Te explico: Nuestro cuerpo está equipado con mecanismos naturales de auto-reparación que pueden combatir células cancerosas, retrasar el envejecimiento, matar agentes infecciosos, reparar tejidos, etc., y estos mecanismos naturales de auto-reparación del cuerpo están bajo la influencia de nuestro Sistema Nervioso. El Sistema Nervioso tiene dos sistemas operativos: el Sistema Nervioso Simpático, también conocido como “respuesta de lucha o huida” y que Walter Cannon de Harvard llamó “respuesta de estrés”. El otro sistema operativo es el Sistema Nervioso Parasimpático, que Herbert Benson de Harvard llamó “respuesta de relajación”.

Para que los mecanismos naturales de auto-reparación del cuerpo se activen, es necesario que el cuerpo se encuentre en “respuesta de relajación” (Sistema Nervioso Parasimpático), ya que cuando el cuerpo está en “respuesta de estrés” (Sistema Nervioso Simpático), los mecanismos naturales de auto-reparación están desactivados.

Veamos cómo funciona: La amígdala es una estructura compleja con forma de almendra situada en el sistema límbico del cerebro y es la encargada de activar ya sea la respuesta de estrés o la respuesta de relajación en nuestro organismo con el fin de asegurar nuestra supervivencia. Aunque está ubicada dentro del cerebro, la función de la amígdala no es como la de éste -inteligente, racional y pensante-, su principal función es más bien integrar las emociones con los patrones de respuestas correspondientes a éstas, así como valorar el significado emocional de nuestras experiencias. Por esta razón, nuestra amígdala interpretará como una amenaza a nuestra supervivencia cualquier cosa que nos provoque estrés, ya sea una experiencia real como el encontrarnos en medio de la selva frente a un tigre dispuesto a comernos, o una experiencia imaginaria provocada por emociones o pensamientos como “¡No tengo dinero!”, “¡Me siento sola!”, “¡No terminaré este reporte a tiempo!”, etc. Por lo tanto, cualquier estado físico o emocional -real o imaginario- que nos provoque estrés, ya sea un tigre persiguiéndonos o emociones como el miedo, el resentimiento, la tristeza, el pesimismo, la soledad, la ansiedad, etc., serán interpretados de la misma manera por nuestra amígdala, esto es, como una amenaza contra nuestra supervivencia y por lo tanto provocarán igualmente que ésta active la respuesta de estrés.

La respuesta de estrés es una reacción química en nuestro organismo que tiene como finalidad prepararlo para responder rápidamente ante la amenaza que estamos sintiendo (¡Un tigre me persigue! ¡No terminaré el reporte a tiempo!! ¡Me siento sola!), esta reacción consiste en incrementar la producción de neuropsina, la proteína encargada de provocar la reacción química en cadena por todo el organismo, segregando adrenalina y cortisol, aumentando el ritmo cardíaco y la presión arterial, acelerando la respiración y aumentando los niveles de azúcar en el organismo, provocando que el sistema inmunológico (nuestras defensas) se adormezca para ahorrar recursos inmunológicos y reduciendo la producción de serotonina y endorfinas, todo esto con el fin de preparar al cuerpo a un estado de alerta en caso de ser atacado.

Hasta aquí todo bien, sabemos entonces que frente a cualquier ataque nuestro cuerpo tiene un mecanismo súper eficiente que nos preparará para sobrevivir. Pero, ¿qué pasa cuando el peligro no es real, sino que es provocado por estados emocionales y pensamientos? Es aquí en donde todo se complica: La reacción química en cadena es la misma, pero en vez de activarse puntualmente como lo haría frente a una amenaza real (un tigre persiguiéndonos), esta respuesta se vuelve crónica y se prolonga durante todo el tiempo que mantenemos emociones o pensamientos que nos generan estrés como el miedo, la ansiedad, la soledad, la tristeza, el pesimismo, etc. Ahora, imagina que nuestro cuerpo esté sometido a esta reacción durante largos periodos de tiempo: Segregación de adrenalina y cortisol, elevación del pulso cardiaco, contracción de músculos, adormecimiento del sistema inmunológico, disminución de endorfinas y serotonina, constante elevación de azúcar en sangre, etc… ¡Es literalmente veneno para nuestro cuerpo!

Mantener estados emocionales y pensamientos que generan estrés crónico tiene consecuencias devastadoras en nuestro cuerpo tanto a nivel físico -dolor de cabeza, tensión muscular, fatiga, alteraciones del sueño, desbalance hormonal, etc.-, como a nivel psicológico -ansiedad, irritabilidad, desmotivación y hasta depresión.

Al polo opuesto de la reacción de estrés se encuentra la reacción de relajación (Sistema Nervioso Parasimpático). Su función principal es la de provocar o mantener un estado corporal de descanso o relajación tras un esfuerzo, reparar y disminuir el estrés, realizar funciones importantes como la digestión y el acto sexual. La reacción de relajación es activada tanto por experiencias positivas como hacer yoga, meditar, dormir, tener sexo, etc., como por pensamientos, creencias y sentimientos positivos, de amor, relajación, paz, esperanza, optimismo, aceptación, etc., tales como “Soy suficiente”, “Me siento amada”, “Todo va a estar bien”, “Amo la vida”, “Me siento agradecida y en paz”, etc. Esta reacción consiste en la relajación de los músculos, disminución de la frecuencia cardiaca, liberación de hormonas de relajación inductoras de la salud como oxitocina, dopamina, óxido nítrico y endorfinas, etc.

Es así como nuestros pensamientos, creencias y sentimientos que se originan en nuestra mente afectan literalmente la química y la fisiología de nuestro cuerpo. De aquí la importancia de aprender a manejar nuestras emociones y pensamientos, para ayudar a nuestro cuerpo a entrar en estado de relajación necesario para activar los mecanismos naturales de auto-reparación. Algunos tips para ayudarnos pueden ser: practicar yoga, meditar, respetar nuestras horas de dormir (7 a 9 horas), rodearnos de personas que nos amen y apoyen, practicar journaling, mantener una actitud de agradecimiento y optimismo por lo que se vive, y en ciertos casos es incluso recomendable buscar ayuda psicológica, coaching, para ayudarnos a manejar mejor nuestros estados emocionales.

Dadas las condiciones óptimas, esto es, reduciendo estados de estrés y aumentando estados de relajación en nuestra vida, podemos darle la oportunidad a nuestro cuerpo de hacer lo que mejor sabe hacer: Sanarse a sí mismo. Y tú, ¿Has experimentado algo similar en tu propio cuerpo? ¡Cuéntame tu experiencia en los comentarios más abajo!

Con todo mi amor,

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*