Cómo Vivir Nuestro Propósito

Cómo Vivir Nuestro Propósito

“Y de pronto la vida te detiene. Te ‘sienta’ porque quiere hablarte y no le hiciste caso. Y te habla. Te recuerda cosas que tal vez habías olvidado. Y te abraza. Y en ese abrazo te recuerda que sólo viniste a vivir. No a luchar, ni a ganar, ni a saldar ninguna deuda. Sólo a vivir.”

El ‘propósito de vida’ es un tema que me ha fascinado por muchos años y en el que me gusta trabajar con mis clientes en mi práctica como Health Coach ya que es un componente esencial para poder vivir una vida plena, sana y con significado.

Muchas veces cuando pensamos en nuestro propósito, pensamos en una señal que llega de repente, un momento de iluminación, un “aha moment!” (como lo llaman en inglés) en el que de pronto todo es claro y sabemos exactamente qué es lo que se supone que debemos hacer con nuestra vida, sabemos finalmente el porqué de nuestra existencia. Pues no, me temo que no funciona de esta manera. Nuestro propósito no es algo específico que descubrimos de repente, o algo asociado a otras personas o actividades como un trabajo, o una profesión, o convertirnos en madre, o decidir ser instructora de yoga o activista pro-derechos de la mujer. Nuestro propósito es algo mucho más profundo, algo con lo que estamos conectados desde el momento en el que existimos. Todo cuanto existe está conectado con una fuente, unos lo llaman Dios, otros Universo, Espíritu, y esta fuente nos guía todo el tiempo. Vivir de acuerdo a esta guía interna es vivir nuestro propósito: las aves, las flores, el mar, el sol, cada uno de nosotros como seres humanos, todos estamos conectados a esta fuente y somos guiados por ella en todo momento.

Y entonces te preguntarás, si quiero vivir mi propósito, ¿Cómo sé si lo que estoy haciendo está de hecho guiado por esta fuente de la que todos venimos – Dios, Universo, Espíritu?

Pues bien, la mejor manera de saberlo es a través de cómo nos sentimos. Lo que estoy haciendo, ¿me hace sentir expansiva o me contrae? ¿Lo que hago me hace sentir plena o angustiada? ¿Me hace sentir bien con respecto a mí misma o siento que algo me hace falta? ¿Siento que vivo mi vida con significado o me siento vacía? Y es que, siempre -y déjame enfatizarlo una vez más porque es realmente importante- siempre que actuamos y vivimos de acuerdo a nuestra guía interna, esa que está conectada a la fuente (Dios, Universo, Espíritu), nos vamos a sentir en paz con nosotras mismas, nos vamos a sentir plenas, expansivas. Nuestras emociones no mienten. De ahí la importancia de aprender a escucharlas, a escucharnos. Porque ellas nos van mostrando que tan cerca o lejos estamos viviendo de nuestra guía interna.

Es importante no confundir esto con estar en un estado de euforia y felicidad permanente. Me refiero a un estado más profundo del ser. A un estado de paz interna, serenidad, tranquilidad de saber que todo el tiempo estamos en el lugar correcto viviendo lo que nos toca vivir. Podemos atravesar situaciones difíciles, experimentar momentos de bajón emocional, pero nuestro estado interno se mantiene en paz y sereno.

Para vivir nuestro propósito es necesario entonces empezar a conectarnos a esta fuente (Dios, Universo, Espíritu). Esto es un proceso que lleva tiempo porque durante los primeros años de nuestra vida todo lo que hemos aprendido es a vivir desconectados de ella. ¿Cómo así? Pues como mencionaba antes, desde que existimos, desde el momento de nuestra concepción, estamos conectados a esta fuente, pero una vez que nacemos, nuestros padres y luego nuestros maestros y la sociedad, nos enseñan que debemos confiar en algo que está fuera de nosotros, una autoridad que nos dicta qué es bueno, qué no es bueno, cómo debemos ser. De esta manera empezamos a desarrollar nuestro ‘ego’. Esto es, nuestra falsa identidad, quienes creemos ser (pero realmente no somos), basado en cuatro aspectos fundamentales:

Somos lo que tenemos: Por lo tanto, mientras más tenemos, mejores somos. Y empezamos una carrera sin fin por adquirir más, al principio son juguetes, después son posesiones, casas, dinero, ropa, etc.

Somos lo que hacemos: Por lo tanto, mientras más logros tengamos, más valdremos como personas. Y empezamos a competir con otros por ver quien logra más objetivos. Ser la número uno en la escuela, luego en la universidad, en el trabajo, etc.

Somos lo que otros piensan de nosotros: En otras palabras, somos nuestra reputación. Por lo tanto, empezamos a buscar la aprobación y validación de los demás, nos esforzamos por encajar, por ser aceptadas, admiradas, por pertenecer.

Somos entes separados de todo lo demás: Esto tiene tres aspectos principales: 1) Estamos separadas de los demás. 2) Estamos separadas de lo que nos gustaría tener en la vida. 3) Estamos separadas de la fuente (Dios, Universo, Espíritu).

De esta manera, empezamos a vivir nuestra vida basándonos en estos aspectos propios del ego, lo que nos mantiene constantemente intranquilas, pensando que para ser felices es necesario estar siempre luchando por alcanzar algo, hacer más, tener más, ser más, olvidando que desde que existimos ya somos seres completos y, por lo tanto, ya tenemos todo lo que necesitamos para ser felices.

¿Cuál es el proceso entonces para volver a conectarnos con nuestra fuente y así poder vivir nuestro propósito? Este cambio en nuestro sistema de creencias se da normalmente después de experimentar algún tipo de “crisis” en nuestra vida. Puede ser algo tan sencillo como escuchar un comentario y que algo dentro de nosotras haga “click”, o atravesar por un periodo emocional en donde nos sentimos estancadas, o pueden ser también eventos más dolorosos como la pérdida de un trabajo, de un ser querido, o que nos diagnostiquen una enfermedad grave. Lo que hacen estos momentos de crisis es “matar” esa falsa identificación –nuestro ego- que habíamos construido durante todos estos años, de tal manera que nos sentimos totalmente perdidas, no sabemos más quienes somos ni qué se supone que hagamos, y por más que intentamos seguir adelante con el mismo sistema de creencias basado en el ego, en tener más, ser más, lograr más, nos damos cuenta de que ya no encontramos satisfacción en esto, nos sentimos vacías. Esto nos obliga a buscar respuestas más allá.

Una manera en la que empezamos a encontrar respuestas es recordando quienes somos y de dónde venimos. Cuando recordamos que durante los primeros nueve meses de nuestra vida todo fue hecho de manera natural, no hubo nada en lo que tuviéramos que intervenir para formar nuestro cuerpo, nuestras células, nuestros órganos, que la vida actuó y nosotros dejamos que ella actuara, recordamos que lo mismo sucede en el resto de nuestra vida, no es necesario estar constantemente persiguiendo objetivos, empujando o presionando por que las cosas sucedan. Empezamos a recordar que estamos conectados a esta fuente y que lo único que tenemos que hacer entonces es dejarnos guiar por ella. Y esto no quiere decir que dejamos de tener ambición y fuerza de voluntad para alcanzar objetivos, más bien quiere decir que asumimos nuestro papel como co-creadoras, que podemos trabajar por alcanzar objetivos pero ahora alineadas con nuestra verdadera esencia, no por tener más, ser más, lograr más, sino sabiendo que ya somos seres completos desde el inicio, así que lo que buscamos es algo más trascendente, queremos vivir con significado, sentir plenitud en lo que hacemos, buscamos vivir para algo mucho más grande que nosotras mismas enfocado en cómo servir a los demás en lugar de como ser mejor que los demás.

Esto es vivir nuestro propósito. Según Lao Tzu, hay cuatro virtudes que caracterizan una vida con propósito:

Respeto: Cuando mostramos reverencia por la vida y por todo cuanto existe.

Honestidad: Cuando buscamos ser sinceras en nuestro pensar, decir y hacer.

Amabilidad: Cuando tratamos a todo cuanto existe con amor y compasión.

Servicio: Cuando lo que hacemos busca poder servir a los demás.

De esta manera, a la pregunta ¿Cómo puedo vivir mi propósito? se le puede responder haciéndonos estas cuatro preguntas: ¿Cómo puedo mostrar mi respeto por todo cuanto existe? ¿Cómo puedo ser honesta conmigo misma y con los demás? ¿Cómo puedo mostrar mi amor y compasión para con los demás? ¿Cómo puedo servir a otros? En palabras de Wayne Dyer:

Se trata de conectarte a una fuente que se ocupa de todo. Se trata de rendirte a algo más grande que tú, con lo que estás conectada y que tiene el control de todo. Hay un lugar dentro de nosotras que quiere sentirse realizada, que quiere saber que “mi vida ha valido la pena”, que “he dejado el mundo mejor de cómo lo encontré”, que “la vida de alguien fue profundamente cambiada gracias a mi existencia.” Todos queremos esto. No se trata de llegar a cierta edad o de encontrarte contigo misma. En donde quiera que estés, a cualquier edad, estás a sólo un pensamiento de poder cambiar tu vida.”

Y tú, ¿Consideras que vives tu propósito? Cuéntame en los comentarios abajo, ¡me encantará escuchar tu experiencia!

Con todo mi amor,

 

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