Aprendiendo a Dejar Ir.

Aprendiendo a Dejar Ir.

“Dejar ir significa renunciar a resistir, luchar o coaccionar a cambio
de algo más poderoso y honesto que surge cuando permitimos que
las cosas sean como son, sin caer en una atracción o rechazo hacia ellas,
en esa intrínseca manía nuestra por querer, aprobar y desaprobar”.
Jon Kabat-Zinn

Quise dedicar mi blog de este mes a hablar de un tema que encuentro muy frecuente en mis sesiones de coaching con mis clientas y en las redes sociales, y que creo que todas vivimos y experimentamos en nuestra vida diaria: El deseo o la necesidad de dejar ir. Ya sea una relación que llegó a su fin, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, viejas creencias que nos limitan como no ser suficiente, no poder hacer algo, o el final de una etapa en nuestra vida, etcétera, a menudo nos encontramos frente a situaciones que se han terminado, y como cualquier final, nos duele y sabemos que es necesario “dejar ir” con el fin de seguir adelante con nuestra vida, pero no sabemos cómo hacerlo.

Y es que, paradójicamente, el simple de hecho de decir “debo dejar ir esto o aquello”“debo superar esto o aquello” implica traer de nuevo esa situación que se ha terminado a mi presente. Al hablar de ella, pensar en ella, o querer dejar de pensar en ella, estoy inevitablemente retomando esa situación y trayéndola a mi presente una vez más. Resistiéndola, luchando contra ella, juzgándola como algo que no debería ser o estar más en mi vida.

Es por eso que quiero hablarte del planteamiento con respecto a este tema de Jon Kabat-Zinn, un profesor estadounidense Emeritus de Medicina que gracias a la influencia de su práctica y estudios en yoga y Budismo con profesores como Thich Nhat Hanh y el Maestro Zen Seung Sahn, es uno de los personajes de mayor influencia en los últimos años que han ayudado a traer y aplicar los conceptos de prácticas milenarias como el mindfulness a occidente.

Pues bueno, Jon Kabat-Zinn habla de la importancia de entender el concepto de “dejar ir” como algo más cercano a “dejar ser”, esto es, en lugar de desear que algo deje de existir, que deje de afectarnos emocionalmente, o que nuestra mente deje de pensar en ello, debemos primero aceptar que existe y que nos afecta, mental o emocionalmente. Y desde este lugar de aceptación, aprender a trabajar con las emociones que surgen cuando no tratamos de evitar lo que es y nos mantenemos presentes y nos permitimos sentirlas. En palabras de Jon Kabat-Zinn:

“Cuando las personas dicen ‘déjalo ir’, lo que en realidad quieren decir es ‘supéralo’, y decir esto no es algo que ayude a nadie. No es cuestión de dejar ir – lo harías si pudieras. En lugar de decir ‘déjalo ir’ deberíamos tal vez decir ‘déjalo ser’; esto reconoce que la mente no lo puede dejar ir, y que el problema puede que no desaparezca, pero nos permite establecer una relación mucho más sana con aquello que nos está molestando.”

Ahora, entiendo que estarás pensando “¡más fácil decirlo que hacerlo!”, y es que cuando trabajamos con situaciones difíciles que nos generan emociones fuertes, es normal querer evitarlas. De ahí que busquemos adormecerlas con alguna de las mil maneras que están a nuestro alcance como la comida (ya sea comiendo compulsivamente o dejando de comer del todo), a través del alcohol y otras drogas, a través de distracciones y adicciones como el trabajo compulsivo, socializar compulsivamente, navegar en las redes sociales compulsivamente, y la lista sigue.

“Dejar ser” no es fácil ni cómodo. Pero va mejorando con el tiempo. Requiere de una práctica constante, de todos los días, durante toda nuestra vida. Y es que, siempre vamos a encontrarnos con situaciones que nos generen placer y felicidad y por lo tanto buscaremos aferrarnos a ellas y será necesario recordarnos que debemos dejarlas ir, esto es, vivirlas, sentirlas en su totalidad en el momento presente sin aferrarnos a ellas; y también vamos a encontrarnos con situaciones que nos generen dolor y sufrimiento y por lo tanto querremos evitarlas, dejarlas ir, que desaparezcan, pero de igual manera, será necesario recordarnos que debemos vivirlas y sentirlas en su totalidad en el momento presente sin aferrarnos a la idea de que no deberían ser.

Y bueno, ¿cómo podemos practicar el “dejar ir = dejar ser”? Aquí va una serie de pasos que recomiendo a mis clientas de health coaching y que me sirven también personalmente para trabajar con situaciones difíciles que generan emociones fuertes:

Paso 1. Medita. Busca todos los días, ya sea en la mañana lo primero que hagas al despertarte o en la noche lo último que hagas antes de dormir, entre 5, 10 o hasta 20 minutos para sentarte en silencio y a solas, ya sea con los ojos abiertos o cerrados, como prefieras, y enfócate en tu respiración. La práctica constante de la meditación te va a ayudar a mantenerte presente en cada actividad que hagas durante el día. Aumenta tu capacidad de enfoque, de estar presente en el aquí y el ahora, reduce niveles de estrés y ansiedad. Además, enfocarte en tu respiración es un recordatorio constante de que la vida es recibir y soltar, cada respiración implica tomar aire nuevo y después soltarlo como una condición necesaria para poder seguir tomando más aire nuevo.

Paso 2. Nota las emociones que van surgiendo durante tu meditación o durante el día cada vez que tu mente vuelva a pensar en esa situación difícil que te provoca dolor o sufrimiento y que quieres dejar ir. Detente y trata de identificar de qué emoción se trata (miedo, dolor, frustración..?) y en qué parte del cuerpo la sientes, ¿en tu pecho? ¿en la garganta? ¿en el estómago? No hay una respuesta correcta aquí, cada una somos diferentes y nuestras emociones las vamos a sentir en diferentes partes, algunas las sentimos en el pecho, otras en el estómago, ¡otras en el dedo gordo del pie! Así que trata de no juzgar ni la emoción que sientes, ni en donde la sientes. Simplemente trata de identificarla.

Paso 3. Siente. Permítete sentir las emociones que lleguen. Quédate tranquila, no trates de hacer nada al respecto. Las emociones lo único que quieren es ser sentidas. Si te dan ganas de llorar, llora, de gritar, grita. No busques consolarte o pensar en algo “positivo” para cambiar la emoción. Cuando nos mantenemos presentes y nos permitimos sentir plenamente nuestras emociones, es que ellas pueden irse y nosotras empezamos a sanar. Las emociones son temporales. duran sólo segundos, a lo mucho minutos. No tengas miedo de que permitirte sentirlas hará que se queden para siempre. Es de hecho el reprimirlas y evitarlas lo que genera que no puedan irse y se queden dentro de nosotras generando después otros problemas relacionados con nuestra salud y bienestar.

Paso 4. Vuélvete curiosa con respecto a tus emociones. Pregúntate, ¿qué me quiere decir esta emoción que estoy sintiendo? Las emociones pueden llegar acompañadas de pensamientos, así que debemos ser conscientes de que esos pensamientos no necesariamente reflejan la realidad. Son sólo pensamientos originados por esas mimas emociones que surgen, así que lo importante es enfocarnos en sentir las emociones que lleguen e investigar qué hay detrás de ellas, evitando identificarnos con los pensamientos que las acompañan.

Un ejemplo para que me entiendas mejor: La situación que quiero dejar ir es el término de mi relación con mi ex-novio. Las emociones que se generan al pensar en ello son dolor, sufrimiento, y las siento en el estómago. Lo que hago es, sentarme a meditar, quedarme tranquila enfocándome en mi respiración, y empiezo a sentir una necesidad enorme de llorar. Me permito llorar, lágrimas salen de mis ojos y soy de pronto como una niña pequeña llorando sin control. No importa, no me juzgo por sentirme así, me sigo quedando tranquila sentada y sigo llorando. Pensamientos como “estoy sola”, “nadie más me va a querer”, “necesito amor” van a llegar. Ahora, me permito seguir sintiendo las emociones que surjan, pero no creo los pensamientos que las acompañan, al contrario, empiezo a cuestionarlos, con curiosidad, con amor y con compasión me hago las siguientes preguntas: ¿qué me duele realmente? ¿es la pérdida de mi novio? ¿es sentir que estoy sola? ¿es el miedo a que nadie me quiera? ¿qué me duele realmente? ¿qué pienso de mí? ¿el amor de quién necesito realmente? Sigo sentada, en silencio, enfocándome en mi respiración. No busco darle respuesta inmediata a mis preguntas. Simplemente me quedo sentada, tranquila, respirando. Y sigo notando cómo las emociones llegan y se van de mi cuerpo.

Cuando hacemos esto de manera constante, poco a poco empezamos a notar cómo las emociones se van transformando. De dolor, sufrimiento, miedo, frustración, a tranquilidad, paz, compasión, amor. Porque al meditar de manera constante, poco a poco vamos conectando con esa parte de nosotras que sabe que más allá de lo que sucede a nuestro alrededor, todo está bien, nosotras estamos bien. Empezamos a conectar con esa parte de nosotras que se sabe completa, única, segura en quien es. Y de esta manera, la aceptación llega de manera natural. Ya no es necesario “dejar ir” o cambiar una situación. Podemos ver una situación que se terminó y no deseamos cambiarla, la aceptamos tal como es. Hacemos las paces con ello y entonces, casi sin notarlo, nos empezamos a mover hacia delante.

“No importa cuántas cicatrices llevemos por situaciones del pasado. Nuestra naturaleza intrínseca, completa, todavía está aquí: ¿Quién contiene nuestras cicatrices? Ninguno de nosotros debe sentirse como una víctima de su pasado o impotente frente al sufrimiento presente. Somos lo que estaba presente antes de nuestras cicatrices: Nuestro ser completo, el que nació así. Y podemos reconectar con ese ser en cualquier momento, porque su naturaleza siempre está presente. Es quien realmente somos.” – Jon Kabat-Zinn

Y tú, ¿estás pasando por alguna situación difícil que necesites parar de querer “dejarla ir” para permitirte “dejarla ser”? ¿qué herramientas te han ayudado en estos casos? Cuéntame en los comentarios abajo, ¡me encantará escuchar tu experiencia!

Con todo mi amor,

*Photo by Steve Halama on Unsplash

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