La Campaña por ser Mejores y La Guerra contra Nosotras Mismas

La Campaña por ser Mejores y La Guerra contra Nosotras Mismas

Deja de intentar sanarte, arreglarte, incluso “iluminarte”. Deja de intentar adelantarle a la película de tu vida. Renuncia a “dejar ir”. Permanece aquí. Tu dolor, tu sufrimiento, tus dudas, tus anhelos, tus pensamientos de preocupación: No son errores, y no te están pidiendo que los “sanes”. Te están pidiendo que los abraces. Aquí, ahora, ligeramente, en los amorosos brazos de tu atención presente.

 – Jeff Foster

“Sé la mejor versión de ti misma”, “Eleva tu vibración”, “Sana tus emociones”, “Decide ser feliz”, son sólo algunos ejemplos de las miles de frases que escuchamos y leemos cada vez más a menudo en libros, revistas, medios de comunicación, en conversación con amigos, en el trabajo, etcétera. La carrera por convertirnos en ese ideal de persona, o como Charles Eisenstein lo llama “La Campaña por ser Mejores”, buscando estar siempre alegres, siempre optimistas, siempre “espirituales”, estar “iluminadas” y en total “actitud Zen”.

Y no me mal entiendan, no es que esté en contra de querer ser mejores, de hacer trabajo personal con el fin de alcanzar objetivos que nos ayuden a crecer en distintas áreas de nuestra vida: Buscar alimentarnos mejor, mantener un cuerpo sano y en forma, crecer personal y profesionalmente, descubrir nuestro propósito de vida y aquello que nos apasiona hacer, tener relaciones satisfactorias con los demás, etcétera. De hecho, en gran parte es a esto a lo que me dedico y me apasiona poder ayudar a mis clientes a trabajar en sí mismas para construir una vida sana, plena, satisfactoria bajo sus propios términos.

El problema está cuando esta “campaña por ser mejores” se convierte en una guerra contra nosotras mismas. ¿Cómo así? Cuando la persecución de nuestros objetivos tiene como raíz la no-aceptación de quien somos en este momento, cuando “ser la mejor versión de mi misma” esconde un mensaje más profundo como “así como soy no soy suficiente” y por lo tanto, la consecución de mis objetivos se vuelve una condición necesaria para obtener mi amor y aprobación.

Esto es algo que puede estar a un nivel tan profundo, de subconsciente, que ni siquiera lo notamos, no somos conscientes de que lo que estamos haciendo al trabajar por “ser mejores” es negando o rechazando quienes somos en este momento y, por lo tanto, perseguimos un ideal de persona –una mejor versión de nosotras– que consideramos más digna de ser amada y aceptada por nosotras mismas y finalmente, por los demás.

Esta condición que ponemos al amor y aceptación de nosotras mismas, hace que caigamos en una dinámica de aceptación y rechazo a la que fuimos acostumbradas desde que éramos pequeñas. Frases como “¡Bien hecho!”, “¡Así se hace!”, “¡Eres una buena chica!” son frases que nos dijeron de pequeñas que significaban que algo habíamos hecho bien y, por lo tanto, éramos “aceptadas”. De la misma manera, frases como “¡Eso no se hace!”, “¡Eres una mala chica!”, “¡Debería darte vergüenza!” significaban que algo habíamos hecho mal y, por lo tanto, éramos “rechazadas”.

Nuestros padres, profesores, la sociedad nos enviaron señales desde pequeñas, o nosotras así lo entendimos, con el fin de que aprendiéramos lo que era “correcto” y “no correcto” hacer para ser amadas y aceptadas, para poder pertenecer.

De esta manera, cuando crecemos y nos convertimos en adultas, aplicamos la misma dinámica con nosotras mismas: Condicionamos nuestro amor y aceptación hacia nosotras mismas dependiendo de lo que consideramos “correcto y no correcto”. Y en esta “campaña por ser mejores”, hacer todo lo que consideramos deberíamos hacer para ser mejores, como alimentarnos sanamente, hacer ejercicio, ser más optimistas, ser más espirituales, saber nuestro propósito de vida, tener relaciones armoniosas, etcétera, se convierte en una condición necesaria para amarnos y aceptarnos, “¡Soy una buena persona!” nos decimos cuando logramos seguir lo que nos proponemos, de lo contrario, de fallar en nuestros intentos por ser mejores, de no seguir la dieta que nos propusimos, la rutina de ejercicios, de no ser tan optimistas como nos gustaría, de no poder “sanar” esas emociones negativas, de no sentirnos tan “espirituales” o “iluminadas”, no podemos evitar sentir frustración “¿En qué estoy fallando? ¿Por qué no puedo ser feliz? ¿Cuál es mi problema?”

Y no nos damos cuenta de que el problema no está en no poder alcanzar todos esos ideales que nos hemos auto-impuesto por ser mejores. El problema está en que esos ideales, para empezar, están mal entendidos, no son alcanzables, no son realistas, ¡y ni siquiera son dignos de considerarse ideales!

Ser la mejor versión de ti misma significa ser exactamente quien eres en este momento, y estar bien con ello. Significa ser honesta contigo misma. Ser autentica, abrazando lo que consideras tus errores e imperfecciones y tus virtudes y éxitos. Abrazando lo que consideras emociones negativas y emociones positivas. Tus miedos, frustraciones, ansiedades, y tus alegrías, sueños y deseos. Y, para lograr esto, es necesario hacer consciente este patrón de “amor condicional” que hemos impuesto hacia nosotras mismas, esta dinámica de aceptación y rechazo en la que hemos caído en nuestra búsqueda por querer ser mejores.

Por eso dicen que el camino debe sentirse igual a la meta. Porque por mucho que lo intentemos, nunca vamos a lograr “ser mejores” a base de hacernos sentir mal durante el proceso. Nunca vamos a bajar de peso si primero no nos aceptamos y amamos exactamente como somos con esos kilos de más aquí y ahora. Nunca vamos a hacer ejercicio de manera constante si primero no nos aceptamos y amamos así como estamos en este momento con un nivel bajo de energía y poca condición física. Nunca vamos a lograr esa promoción o lanzar ese proyecto si aquí y ahora no nos aceptamos y amamos así como somos, sin un título o una posición o un logro profesional. Nunca nos vamos a sentir bien con nosotras mismas si primero no amamos y aceptamos esas emociones de las que tanto huimos: Miedo, frustración, ansiedad, fracaso, abandono… Hasta que no abracemos el cien por ciento quienes somos, de manera incondicional y honesta, no buscando cambiarnos, o sanarnos, o mejorarnos, no vamos a encontrar verdadera satisfacción y plenitud. Lo único que vamos a hacer es seguir buscando afuera de nosotras algo que sólo puede ser encontrado adentro.

Para sostener cambios reales y encontrar satisfacción duradera, es importante que el cambio se dé a un nivel profundo, que todo nuestro ser se sienta amado y aceptado tal y como es, de manera incondicional. De aquí la importancia de terminar con esta dinámica de amor condicional en base al resultado. Primero me amo y me acepto tal y como soy, y la consecuencia natural será que logre lo que me propongo, e incluso si no lo logro y resulta algo diferente a lo que esperaba, estaré en paz sabiendo que es exactamente lo que necesito en este momento. Cuando me amo y me acepto incondicionalmente, no hay sensación de fracaso o frustración, todo lo que sucede es parte de mi proceso y lo acepto tal y como es.

Así es que, tratemos de hacernos conscientes de nuestro proceso cuando estamos haciendo trabajo personal. Es fácil identificar si estamos cayendo en ésta dinámica: Simplemente tenemos que identificar cómo nos estamos sintiendo durante el proceso: Cuando fallamos en seguir la dieta, en hacer ejercicio, en avanzar en un proyecto, ¿Cuál es nuestro diálogo interno? ¿Cómo nos hablamos? ¿Cómo nos sentimos? Si notamos que estamos forzando mucho una situación, que estamos queriendo aplicar control, una estricta disciplina y fuerza de voluntad, haciéndonos sentir mal y culpables por no poder seguir lo que nos hemos propuesto, entonces sabemos que estamos cayendo en este patrón de amor condicional y dinámica de aceptación y rechazo.

Hagamos uso de la herramienta más poderosa que todas tenemos a nuestra disposición: Nuestra capacidad de traer nuestra atención al momento presente. De hacer consciente cada acción que tomamos, cada pensamiento que sostenemos en nuestra mente, cada emoción que nos informa de dónde estamos en nuestro proceso. Es posible amar y aceptar incondicionalmente quien somos en este momento, y es posible evolucionar como personas. De hecho, es imposible no hacerlo, ¡es nuestra naturaleza como seres humanos estar evolucionando constantemente!

Lo que nos hace verdaderamente felices en la vida no es alcanzar nuestras metas y objetivos, es amar cada parte de quienes somos de manera incondicional, aquí y ahora. Con mis kilos de más, con mi resistencia a hacer ejercicio, con mi pereza para trabajar por una promoción o mi miedo a lanzarme por mi proyecto personal, con mis inseguridades acerca de mis capacidades, mis miedos a intentar algo diferente, mis dudas sobre lo que debo hacer. Hasta que no nos sentemos en silencio a escuchar y SENTIR todas estas emociones, ellas no se van a ir. Y tampoco se trata de sentarme a sentirlas con el fin de que se vayan. Esto también es amor condicional, es decirnos: “¿Si te escucho, te vas?”. Se trata de sentarnos con amor y aceptación incondicional, con compasión, curiosidad, apertura, sin juicio, es decirnos: “Entiendo que te sientas así, ven y cuéntame, ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué duele? ¿Qué necesitas? Todo va a estar bien, y está bien sentirte como te sientes.”

Una vez que practicamos esta clase de amor y aceptación incondicional hacia nosotras mismas, hacia cada parte de nosotras que consideramos positiva y negativa, la consecuencia natural es sentirnos ancladas, completas, plenas, y desde este lugar, preparamos dentro de nosotras un terreno mucho más fértil en donde todos nuestros sueños y proyectos son posibles sin necesidad de forzar o controlar.

¿Cómo puedo ser sustancial si no proyecto ninguna sombra? Debo tener un lado oscuro también si he de ser completo.» – Carl Jung

Ahora cuéntame tú, ¿has notado alguna dinámica de amor condicional, de aceptación y rechazo hacia ti misma, cuando estás trabajando por lograr lo que te propones? ¿Qué te ha servido para trabajar más en el amor incondicional hacia ti misma? Cuéntame en los comentarios abajo, ¡me encantará escuchar tu experiencia!

Con todo mi amor,

 

 

 

 

*Photo by Mikail Duran on Unsplash
 

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